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Semana 18
El verdadero poder de esta semana radica en nuestra capacidad para ser cada vez más fieles, todos los días, a esa sensación de que Jesús nos acompaña durante cada día. Al despertar y prepararme para el día, para hacer mi trabajo, relacionarme con los demás, tomar descansos, experimentar una gama de emociones, cometer errores, tratar de ser cuidadoso, buscar oportunidades de ser compasivo, tomar decisiones difíciles, experimentar la alegría de amar y ser amado, y volver a dormir con una plegaria de gratitud – durante todo el día – podré saborear la realidad de Jesús llamándome para unirme a Su “sí”.
El amor cambia nuestra manera de tomar decisiones, porque el amor cambia lo que deseamos. Mientras más nos enamoremos de Jesús, más amaremos Sus acciones. Nos volvemos más amorosos y compasivos, más generosos y sacrificados, más valientes y justos en nuestra vida cotidiana. Si aquél a quien amo está sumido en la pobreza, el sufrimiento o el rechazo, ya no querré apartarme para escudarme de esa experiencia. Me resultará algo natural ver la pobreza, el sufrimiento y el rechazo como parte de nuestra relación. Sencillamente quiero estar con la persona amada. Mientras más veo a Jesús entregándose al servicio de los demás para gloria de Dios, mayor será mi deseo de estar en manos de un Dios amoroso, tal como hizo Él.
Ignacio invita a quienes están haciendo los Ejercicios a estar presentes en los sucesos de la vida de Jesús. Después de haber sido tentado por el Maligno, Jesús caminó por las orillas del Lago de Galilea y llamó a dos conjuntos de pescadores. Jesús les ofreció signos y gestos que les motivaron a seguir Su forma de vida. Durante esta semana y las siguientes, estamos invitados a ver dichos gestos de Jesús de tal manera que podamos considerar nuestra reforma y conformación según Sus directrices. Jesús no nos llama a ir por delante ni por arriba de Él, sino al lado y atrás. De una manera extraña y misteriosa, podemos observarle frente a nosotros, pero nos llama desde atrás. Respeta tanto nuestra libertad, que nos permite seguir éste o aquel camino, sin dejar de observarnos desde el Suyo. De manera que aquí está Jesús, a quien observamos con la finalidad de seguirle, y luego Él sigue nuestras decisiones y nos ofrece ciertos gestos como pruebas de Su fidelidad.
Como descubrieron los primeros seguidores de Jesús, permanecer en la luz, permanecer iluminados, puede ser demasiado brillante, de manera que en ocasiones se alejaron un poco hacia las sombras de la duda, de la resistencia y del egocentrismo. La respuesta de Jesús es siempre una invitación alentadora a regresar a Dios y a reformarnos. Mediante Sus instrucciones y actos de caridad a favor de Sus seguidores, Jesús les informó sobre Su identidad y la de ellos mismos. De esta manera, la información les lleva a la reforma, y finalmente a ser semejantes a la Persona que les amó tanto como para permitirles acompañarle en Su camino.
Nuestra oración de esta semana se concentra en tomar conciencia de Sus acciones en la vida de las personas que fueron a llamadas a seguir a Jesús en Su vida pública desde el principio. “La imitación es la más alta forma de elogio”. Ese dicho resulta ser verdadero a medida que avanzamos en este retiro, incorporándolo a nuestra vida cotidiana. Habiendo experimentado el amor que Jesús nos tiene, pediremos: “Señor, ayúdame a estar contigo, a imitarte con entrega y amor.” Esta imitación nos hace crecer. Nuestro deseo de acompañar a Jesús transforma nuestras vidas.
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EL TEMA DE DISCERNIMIENTO ESTA SEMANA ES:
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EJERCICIOS
EJERCICIOS
Oración
Querido Jesús estoy escuchando tu llamado, lo siento de una manera tan directa y personal. Siento la profundidad de tu amor y tu deseo de que yo te acompañe. Te observo cuando llamas a los discípulos, les impartes Tus enseñanzas y luego los envías al mundo a sanar y a difundir Tu mensaje.
Quiero ir contigo, quiero acompañarte a donde vayas, quiero decidirme por todo lo que me acerque más a Ti, para que mi vida se asemeje más a la tuya. Quiero tomarte de la mano caminar contigo por los distintos poblados, por los mercados, y por esos lugares de mi vida que me inspiran temor.
Mi querido y amado amigo. Gracias por llamarme junto a Ti. Gracias por quererme a Tu lado. Gracias por brindarme este profundo deseo de estar contigo. Enséñame y déjame vivir cada día dándome cuenta de que siempre estás conmigo, hasta cuando mis deseos me hacen caer. Permíteme sentir Tu mano que me guía por doquiera que voy. Quédate conmigo, déjame sentir Tu amor. Gracias por estar tan cerca de mí.
Ejercicios para cada dia:
Recordaremos dichas reflexiones al levantarnos cada mañana de esta semana, en los distintos momentos de cada día, y así podremos ofrecer nuestra acción de gracias con las más tiernas palabras al final de cada día. Nuestros corazones están siendo preparados para las contemplaciones de las próximas semanas.
La oración de esta semana es una respuesta a los gestos de un Dios que quiere ser influyente e impresionante, pero respetando nuestro libre albedrío. Mediante Sus instrucciones y actos de caridad a favor de Sus seguidores, Jesús les informó sobre Su identidad y la de ellos mismos.
~~~~~~~~ O ~~~~~~~~~
Dia 1
Marcos 3, 13-19 CLIC LECTURA
Lucas 9, 1-6 CLIC LECTURA
Dia 2
Lucas 9, 1-6 CLIC LECTURA
-¿Acaso has visto suficientes acciones de Jesús como para llevar a cabo ciertos cambios en tu vida? ¿Cuales?
-¿Sus gestos y acciones lo hacen más accesible a aquellas personas dominadas por el egoísmo?
-¿Acaso hay alguna surgiendo de tus decisiones esta semana?
~~~~~~~~ O ~~~~~~~~~
Lucas 10,1-12 CLIC LECTURA
Lucas 9, 57-62 CLIC LECTURA
Lucas 19,(1-10) y (16-28) CLIC LECTURA
-¿DE VERAS QUIERES TOMAR UNA DECISION esta semana?
Dia 5
Lucas 9, 57-62 CLIC LECTURA
-¿Acaso has visto suficientes acciones de Jesús como para llevar a cabo ciertos cambios en tu vida? ¿Cuales?
-¿Sus gestos y acciones lo hacen más accesible a aquellas personas dominadas por el egoísmo?
-¿Acaso QUISIERAS SEGUIR UNA de tus decisiones esta semana?
~~~~~~~~ O ~~~~~~~~~
Dia 3
Lucas 5, 27-28 CLIC LECTURA
Dia 4
-¿Acaso has visto suficientes acciones de Jesús como para llevar a cabo ciertos cambios en tu vida? ¿Cuales?
-¿Sus gestos y acciones lo hacen más accesible a aquellas personas dominadas por el egoísmo?
-¿Acaso QUIERES TOMAR UNA de tus decisiones esta semana PERO sientes que debes esperar a....?
~~~~~~~~ O ~~~~~~~~~
Lucas 19,(1-10) y (16-28) CLIC LECTURA
-¿Acaso surgió MAS DE UNA decision esta semana?
-¿Qué te revela de ti mismo Jesús en cada pasaje de la Biblia mientras caminas en su compañía?
~~~~~~~~ O ~~~~~~~~~
Hechos 22, 1-11 CLIC LECTURA
-¿Qué te revela de ti mismo Jesús en cada pasaje de la Biblia mientras caminas en su compañía?
-¿Como descubrieron los primeros seguidores de Jesús a permanecer en la luz?
-¿Puedo yo también permanecer iluminado? ¿Porque?
~~~~~~~~ O ~~~~~~~~~
Dia 6
Repetición
~~~~~~~~ O ~~~~~~~~~
GUIA
Esta semana trataremos de experimentar en la oración dos emociones; sensibilidad y temor en la vida de Jesús, y por consiguiente en nuestras vidas debido a la impresionante dignidad que recibimos al unirnos a Él.
Una es la celebración y la reflexión sobre el bautismo de Jesús. En los Ejercicios, Ignacio nos invita a primeramente a que observemos a Jesús dejando Su hogar y despidiéndose de Su madre. Esta escena no está en las Escrituras, pero Ignacio no puede imaginarse a Jesús partiendo fríamente sin una tierna escena de despedida.
La otra son las tentaciones de Jesús, ¿Que sintió?, ¿Que pensó en ese tiempo mientras experimentaba hambre, cansancio, temor, soledad?
No hay mayor revelación personal que dejar ver nuestras tentaciones. En la contemplación de esta semana, Jesús nos muestra contra lo que tuvo que luchar. En nuestro creciente deseo de conocerle, en nuestro afecto cada vez más profundo hacia Él, en esta poderosa atracción a acompañarle en su misión, nos sentimos motivados a entender sus luchas. A medida que nos va revelando las profundidades de su proceso interno de liberación para hacer la voluntad de Dios, veremos que Jesús conoce nuestro creciente deseo de ser libres.
La libertad se basa en saber enfrentar la tentación de utilizar el poder personal para liberarse. El demonio siempre está listo para aprovecharse de nuestros apetitos e infundirnos el temor a morir de hambre. El egocentrismo siempre derrota nuestra habilidad de entregarnos libremente a los demás. Los Evangelios nos dicen que Jesús conoció esta tentación. Aprendió a depender de la palabra de Dios como sustento. Entonces se hizo libre para ser destruido y entregado a todos nosotros como alimento.
Para ser libres, debemos enfrentar la habilidad que tenemos para utilizar nuestros dones con el fin de atraer a los demás hacia nosotros. Es trágico ser dotado y manipulador. Nuestro yo interno se vuelve hueco cuando solamente deseamos atención, afirmación, ser admirados, ser aceptados. Jesús encaró esta tentación. Decidió no utilizar sus dones de manera arrogante. Su primera elección fue entregarse a los deseos de Dios. El deseo de libertad siempre nos pondrá cara a cara con un deseo de alcanzar nuestro propio reino. ¿Qué es lo que puedo coleccionar, lograr, llevar a cabo, recibir como reconocimiento, señalar como símbolo de mi valor personal? Jesús conoció esta tentación. Vino al mundo para vivir en la libertad de la oración: “Tuyo es el reino, el poder y la Gloria por siempre Señor” . Estamos conscientes de nuestra atracción hacia las riquezas, el poder y el control. Éstas son unas cuantas de las muchas maneras de descubrir y expresar nuestra frágil personalidad. Jesús escuchó y creyó, y ahora comienza a vivir Su confianza en Su Padre y en Su identidad, según las palabras de Su propio Padre.
Observando al Diablo tratando de vencer a Jesús, en un debate muy tenso, nos alienta a ser fieles a las tensiones creadas por nuestras frágiles percepciones de cómo Dios nos identifica. El Maligno trabaja constantemente para falsificar nuestro sentido de dignidad, nuestra ordenación hacia Cristo y nuestra santidad. Nosotros también hemos sido bautizados a Cristo y Su dignidad. También escuchamos los insistentes llamados a desconfiar de la identidad que Dios ha creado para nosotros y de las bendiciones que Cristo nos ha obsequiado.
Quizás podamos escuchar el suspiro de alivio que da Jesús cuando se marcha el Tentador. Quizás sea una plegaria de gratitud y una pacífica oración de confianza que nace del conocimiento de Su verdadera identidad. Cristo también sabe que el Tentador volverá a aparecérsele de muchas maneras, y que no será la última vez que Su ordenación bautismal será desafiada. Le observaremos descansando en soledad, pero acompañado. Cristo comienza a experimentar la unidad entre Él y Su Padre, lo cual no tiene que ser probado transformando piedras en pan.
En los Ejercicios Espirituales, Ignacio nos invita a caminar apoyados más en la fe del amor de Dios que en signos y pruebas como muletas para la travesía. Esta peregrinación a la que hemos sido llamados no es fácil, y va extremadamente en contra de las costumbres de nuestro mundo y de nuestros deseos naturales de seguir mapas, señales y seguridades.
EJERCICIOS
Oración
¡Qué humano eres en verdad! Gracias por invitarme a acompañarte en los momentos de tus tentaciones. Me conmueve verte tan vulnerable. Sé que estabas hambriento después de 40 días sin alimento y resististe la tentación de ceder a la inmediata necesidad de saciar tu hambre aunque las sugerencias del Diablo parecian un desafío para hacer un acto de magia convirtiendo las piedras en pan. Quisiste poner fin a Tu ayuno solamente cuando te pareció que era la voluntad de Dios,
Ayúdame a aprender de Ti ese tipo de fuerza porque he fracasado en mi lucha contra las tentaciones al apoyarme, no en lo qué Tú deseas para mí, sino en mis propios deseos de evitar las humillaciones o de ser exitoso o poseer bienes. Ayúdame a desear solamente servirte, a liberarme de las trampas del éxito y el reconocimiento, y a aprender a sentir el gozo de esa libertad. Mientras más Te conozco, más quiero ser como Tú, vivir como Tú. Gracias por Tu amistad. Gracias por Tu compañía y por Tu llamado.
Día 1 AL 6
Para la semana nos daremos la libertad de escoger la o las lecturas para cada día meditando en lo que pensaría, sentiría y experimentaría Jesús, querremos deambular en esta escena durante nuestras actividades cotidianas. A medida que nos vamos imaginando a Jesús, Ignacio nos pide que miremos hacia nuestro interior y reflexionemos sobre nuestro bautismo y esa misma dignidad, ese mismo destino y, sí, esa misma conciencia de quién es cada uno de nosotros..
Por ejemplo:
- Dejando esa casita de Nazaret, tendremos muchas preguntas para formular. ¿Por qué se marchó? ¿Qué proceso de reflexión, de libertad, lo motivó? ¿Acaso podemos imaginarnos las despedidas? ¿Qué le dijeron? ¿Qué dijo a sus amigos, a sus parientes, a María?
- A medida que va recorriendo los caminos para llegar al río donde Juan está bautizando, ¿qué está pensando Jesús? ¿Cuáles son sus deseos, decisiones y anhelos? ¿Qué palabras utiliza en sus plegarias? Cuando observa a Juan bautizando a los humildes pecadores, viendo sus rostros cuando entran y salen del agua, ¿qué es lo que siente? Cuando Jesús entra al río, y va llegando a la parte más profunda hasta sumergirse en la corriente, ¿acaso puedo imaginarme lo que ocurre en su conciencia? ¿Acaso experimenta su propia encarnación en las profundidades de nuestra humanidad? ¿Acaso se imagina el abandono de sus propios deseos al Espíritu de Dios, que le lleva a una entrega total de sí mismo por nosotros? ¿Acaso tiene una visión momentánea de su muerte clavado en una cruz? Y cuando su cabeza emerge de las aguas y la voz de Dios se escucha entre las nubes, ¿qué gozo, qué libertad y qué paz llenan su corazón?
Lecturas:
Marcos 1:9-11
Mateo 3:13-17
Lucas 3:21-22 y 9:57-62
Juan 1:26-34
Filipenses 2:1-11
Romanos 6:3-11
Marcos 1:12-13
Mateo 4:1-11
Lucas 4:1-13
Mateo 3:13-17
Lucas 3:21-22 y 9:57-62
Juan 1:26-34
Filipenses 2:1-11
Romanos 6:3-11
Marcos 1:12-13
Mateo 4:1-11
Lucas 4:1-13
Las tres maneras de humildad
Tres maneras de humildad en el proceso de los Ejercicios
Humildad: La virtud moral por la que el hombre reconoce que de si mismo solo tiene la nada y el pecado. Todo es un don de Dios de quien todos dependemos y a quien se debe toda la gloria. El hombre humilde no aspira a la grandeza personal que el mundo admira porque ha descubierto que ser hijo de Dios es un valor muy superior. Va tras otros tesoros. No está en competencia. Se ve a sí mismo y al prójimo ante Dios. Es así libre para estimar y dedicarse al amor y al servicio sin desviarse en juicios que no le pertenecen.
La humildad no solo se opone al orgullo sino también a la auto abyección (auto humillación) en la que se dejaría de reconocer los dones de Dios y la responsabilidad de ejercitarlos según su voluntad.
LA SUBORDINACION Y SUJECION A DIOS SIN LEVANTARSE CONTRA LO DETERMINADO POR EL PLAN DE DIOS .
Ya hemos visto en temas anteriores la elección entre las banderas opuestas amor vs. egoismo, la elección de los tres binarios de los deseos o afectos y este es el último peldaño antes de entrar en las elecciones definitivas; consideraremos los tres tipos de imitación a Cristo desde la humildad. San Ignacio lo desarrolla como una consideración, aunque nosotros lo hacemos como una meditación aparte: “antes de entrar en las elecciones, para hombre afectarse a la verdadera doctrina de Cristo nuestro Señor, aprovecha mucho considerar y advertir en las siguientes tres maneras de humildad, y en ellas a ratos por todo el día.” (texto original de Sn Ignacio)
Muchas claves te da Ignacio en este momento. “Antes de entrar en elecciones”, lo que nos sugiere que sin esta consideración sobre la humildad no es conveniente entrar en las elecciones. “Para afectarse a la vera doctrina de Cristo”, una referencia muy clara a las dos banderas, ya que lo que vas a elegir o reformar en tu vida no puede estar en oposición con la bandera de Jesús, sería una contradicción.
“Aprovecha mucho considerar y advertir en las siguientes tres maneras de humildad”, indicando “tres niveles” de implicación en el seguimiento de Jesús:
1. La obediencia: “en todo obedezca a la ley de Dios”. No minusvalora San Ignacio la ley de Dios: “esto lo hago porque está mandado”. La fidelidad a la ley marca, también, un nivel de correspondencia desde el amor. Con todo, te invita a no quedarte “ahí”. Hay motivaciones, niveles de amor de mayor calado. Ahí es donde te quiere llevar Ignacio.
2. La indiferencia: “me hallo en tal punto que no quiero, ni me afecto más a tener… siendo igual servicio de Dios”. La indiferencia, ya apuntada en el Principio y Fundamento(que ya no desee mas la salud que la enfermedad, la riqueza que pobreza, etc), es otro nivel más profundo de respuesta desde el amor al Señor. Este nivel es imprescindible para entrar en elecciones. La indiferencia te habla de libertad, y si no eres libre, no puedes elegir. “El esclavo no puede elegir, sólo el libre elige”.
3. El Magis, “lo que más conduce” dice San Ignacio: “siendo igual alabanza y gloria de la divina majestad, por imitar y parecer más actualmente a Cristo, quiero y elijo más pobreza con Cristo pobre…” Es el llamado “magis ignaciano”, también apuntado desde el Principio y Fundamento. San Ignacio la llama “humildad perfectísima”. La motivación es clara: “por imitar y parecer más actualmente a Cristo”. Si sólo el libre puede elegir, en este nivel elige aquellas opciones que le llevan a imitar y parecer más a Cristo. Es el lenguaje del enamorado, del seducido, del que movido por el amor apasionado se “dispara desde la generosidad”: con él y como él pasando por donde haya que pasar.
Este planteamiento te llevará, en todo lo que queda de Ejercicios, a estar muy atento en cada misterio particular, a los dichos y hechos de Jesús, a su talante de vida, sus preferencias…porque en cada palabra, en cada actitud…encontrarás un motivo más para ahondar en el “conocimiento interno del Señor que por mí se ha hecho hombre para que más le ame y le siga”.
Te recordamos lo dicho en los tres Binarios: (ver tres Tipos de seguimiento cristiano en semana 15) “si no te sitúas, aunque sea como deseo”(QUERRIA), en el segundo grado de humildad ( QUIERO...PERO), o tercer binario (QUIERO DE VERAS) , que es la indiferencia o libertad, sería contraproducente continuar en el proceso de los Ejercicios.
No cabe duda de que estas tres maneras de humildad, o grados de amor, como no pocos lo llaman, culminan en el “magis”= “QUIERO DE VERAS”, que es el lenguaje de la generosidad.
Sólo el seducido por Cristo está dispuesto a escoger, tanto en la elección de estado como en otras elecciones lo que más le identifica con Cristo, a quien ha hecho el centro de su propia vida.” No es pues una meditación sino una consideración, una “música de fondo” que en el resto del proceso debe estar presente.
La insistencia en el triple coloquio de las banderas opuestas; clave ante tu situación personal (ver tema en discernimiento) y la nota de tres binarios en cuanto a los afectos y en cuanto a los grados de amor (humildad) ,tienen también este objetivo: “que ante las cadenas que me atan a…”, pedir y pedir para alcanzar la libertad que me permita honestamente elegir. Después de todo lo ya dicho, sólo queda recalcarte que “todo es gracia” y que has de pedirla insistentemente, sin desfallecer.
Sentirte como un enamorado, ¿qué no harías tú por imitar y parecerte más a la persona que amas, que en este caso no es otra que Jesucristo, que ha dado la vida por ti? Sólo desde el amor se dispara la generosidad
San Ignacio, “antes de entrar en elecciones” , propone al ejercitante estas consideraciones sobre la humildad. Ratos de reflexión reposada y entreverada de analisis del Telón de fondo para no errar en la elección, para elegir de verdad, para elegir bien, para elegir como Jesús. Todo va encaminado a abrazar de corazón la verdadera doctrina de Cristo”, es decir, su “vida verdadera”, su “sagrada doctrina”, propuesta a los que se alisten bajo su bandera, una doctrina concretada en la pobreza y humildad.
Si tuviéramos que resumir el sentido profundo encerrado en la humildad de los seguidores de Jesús, diríamos que es ni más ni menos la obediencia amorosa a Dios, a ejemplo de Jesús, Una obediencia propia de sus amigos de verdad. Pasa por tres grados de progresiva perfección. La vida cristiana, con ello, queda clarificada y definida como una sumisión humilde y agradecida a Dios, identificandose con su hijo Jesus Hecho hombre.
EL EJERCICIO DE LA HUMILDAD CRISTIANA
"La humildad es la verdad" -Santa Teresa de Avila.
El humilde ve las cosas como son, lo bueno como bueno, lo malo como malo. En la medida en que un hombre es más humilde crece una visión mas correcta de la realidad.
"El grado mas perfecto de humildad es complacerse en los menosprecios y humillaciones. Vale mas delante de Dios un menosprecio sufrido pacientemente por su amor, que mil ayunos y mil disciplinas." -San Francisco de Sales, 1567
La humildad perfecta es Jesús.
Jesús es la humildad encarnada. Perfecto en todas las virtudes, nos enseña en cada momento en cada palabra. Siendo Dios, vivió 30 de sus 33 años en vida oculta, ordinaria, tenido por uno de tantos. Lo extraordinario fue la perfección en que vivió lo ordinario. También sus 3 años de vida pública son perfecta humildad. En todo hacía, como siempre la voluntad de su Padre. Nunca busco llamar la atención sobre si mismo sino dar gloria al Padre. Al final murió en la Cruz. Nos dijo: "Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón".
Jesús repara el daño de Adán que es rebeldía ante Dios y de todo el orgullo posterior. Otros modos de llamar a este veneno: amor propio, egoísmo y soberbia.
El humilde ve las cosas como son, lo bueno como bueno, lo malo como malo. En la medida en que un hombre es más humilde crece una visión mas correcta de la realidad.
"El grado mas perfecto de humildad es complacerse en los menosprecios y humillaciones. Vale mas delante de Dios un menosprecio sufrido pacientemente por su amor, que mil ayunos y mil disciplinas." -San Francisco de Sales, 1567
La humildad perfecta es Jesús.
Jesús es la humildad encarnada. Perfecto en todas las virtudes, nos enseña en cada momento en cada palabra. Siendo Dios, vivió 30 de sus 33 años en vida oculta, ordinaria, tenido por uno de tantos. Lo extraordinario fue la perfección en que vivió lo ordinario. También sus 3 años de vida pública son perfecta humildad. En todo hacía, como siempre la voluntad de su Padre. Nunca busco llamar la atención sobre si mismo sino dar gloria al Padre. Al final murió en la Cruz. Nos dijo: "Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón".
Jesús repara el daño de Adán que es rebeldía ante Dios y de todo el orgullo posterior. Otros modos de llamar a este veneno: amor propio, egoísmo y soberbia.
Nadie tuvo jamás dignidad comparable a la de Él, nadie sirvió con tanta solicitud a los hombres: yo estoy en medio de vosotros como quien sirve. Sigue siendo ésa su actitud hacia cada uno de nosotros. Dispuesto a servirnos, a ayudarnos, a levantarnos de las caídas. ¿Servimos nosotros a los demás, en la familia, en el trabajo, en esos favores anónimos que quizá jamás van a ser agradecidos?
Ejemplo os he dado -dice el Señor después de lavarles los pies a sus discípulos - para que como yo he hecho con vosotros, así hagáis vosotros -Cf. Jn 13, 15. Nos deja una suprema lección para que entendamos que si no somos humildes, si no estamos dispuestos a servir, no podemos seguir al Maestro.
El Señor nos invita a seguirle y a imitarle, y nos deja una regla sencilla, pero exacta, para vivir la caridad con humildad y espíritu de servicio: Todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos -Cf Mt 7, 12. La experiencia de lo que me agrada o me molesta, de lo que me ayuda o me hace daño, es una buena norma de aquello que debo hacer o evitar en el trato con los demás.
Ejemplo os he dado -dice el Señor después de lavarles los pies a sus discípulos - para que como yo he hecho con vosotros, así hagáis vosotros -Cf. Jn 13, 15. Nos deja una suprema lección para que entendamos que si no somos humildes, si no estamos dispuestos a servir, no podemos seguir al Maestro.
El Señor nos invita a seguirle y a imitarle, y nos deja una regla sencilla, pero exacta, para vivir la caridad con humildad y espíritu de servicio: Todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo también vosotros con ellos -Cf Mt 7, 12. La experiencia de lo que me agrada o me molesta, de lo que me ayuda o me hace daño, es una buena norma de aquello que debo hacer o evitar en el trato con los demás.
Lo que todos deseamos:
Todos deseamos una palabra de aliento cuando las cosas no han ido bien,
y comprensión de los demás cuando, a pesar de la buena voluntad, nos hemos vuelto a equivocar;
y que se fijen en lo positivo más que en los defectos;
y que haya un tono de cordialidad en el lugar donde trabajamos o al llegan a casa;
y que se nos exija en nuestro trabajo, pero de buenas maneras;
y que nadie hable mal a nuestras espaldas; y que haya alguien que nos defienda cuando se nos critica y no estamos presentes; y que se preocupen de verdad por nosotros cuando estamos enfermos;
y que se nos haga la corrección fraterna de las cosas que hacemos mal, en vez de comentarlas con otros;
y que recen por nosotros
y...
Estas son las cosas que, con humildad y espíritu de servicio, hemos de hacer por los demás. Discite benefacere. Si nos comportamos así, entonces: Aunque vuestros pecados fueran como la grana, quedarán blancos como la nieve. Aunque fueren rojos como la púrpura quedarán como la blanca lana. Is 1,18.
y comprensión de los demás cuando, a pesar de la buena voluntad, nos hemos vuelto a equivocar;
y que se fijen en lo positivo más que en los defectos;
y que haya un tono de cordialidad en el lugar donde trabajamos o al llegan a casa;
y que se nos exija en nuestro trabajo, pero de buenas maneras;
y que nadie hable mal a nuestras espaldas; y que haya alguien que nos defienda cuando se nos critica y no estamos presentes; y que se preocupen de verdad por nosotros cuando estamos enfermos;
y que se nos haga la corrección fraterna de las cosas que hacemos mal, en vez de comentarlas con otros;
y que recen por nosotros
y...
Estas son las cosas que, con humildad y espíritu de servicio, hemos de hacer por los demás. Discite benefacere. Si nos comportamos así, entonces: Aunque vuestros pecados fueran como la grana, quedarán blancos como la nieve. Aunque fueren rojos como la púrpura quedarán como la blanca lana. Is 1,18.
Lo que todos debemos cambiar: la soberbia
Por el orgullo buscamos la superioridad ante los demás.
La soberbia consiste en el desordenado amor de la propia excelencia. -Santo Tomás.
La soberbia es la afirmación aberrante del propio yo.
El hombre humilde, cuando localiza algo malo en su vida puede corregirlo, aunque le duela. El soberbio al no aceptar , o no ver, ese defecto no puede corregirlo, y se queda con él. El soberbio no se conoce o se conoce mal.
La soberbia consiste en el desordenado amor de la propia excelencia. -Santo Tomás.
La soberbia es la afirmación aberrante del propio yo.
El hombre humilde, cuando localiza algo malo en su vida puede corregirlo, aunque le duela. El soberbio al no aceptar , o no ver, ese defecto no puede corregirlo, y se queda con él. El soberbio no se conoce o se conoce mal.
La soberbia lo inficiona todo. Donde hay un soberbio, todo acaba maltratado: la familia, los amigos, el lugar donde trabaja... Exigirá un trato especial porque se cree distinto, habrá que evitar con cuidado herir su susceptibilidad... Su actitud dogmática en las conversaciones, sus intervenciones irónicas -no le importa dejar en mal lugar a los demás por quedar él bien-, la tendencia a poner punto final a las conversaciones que surgieron con naturalidad, etcétera, son manifestaciones de algo más profundo: un gran egoísmo que se apodera de la persona cuando ha puesto el horizonte de la vida en sí misma.
"El primero entre vosotros sea vuestro servidor" -Mt 23, 11. Para eso hemos de dejar nuestro egoísmo a un lado y descubrir esas manifestaciones de la caridad que hacen felices a los demás. Si no lucháramos por olvidarnos cada vez más de nosotros mismos, pasaríamos una y otra vez al lado de quienes nos rodean y no nos daríamos cuenta de que necesitan una palabra de aliento, valorar lo que hacen, animarles a ser mejores y servirles.
El egoísmo ciega y nos cierra el horizonte de los demás; la humildad abre constantemente camino a la caridad en detalles prácticos y concretos de servicio. Este espíritu alegre, de apertura a los demás, y de disponibilidad es capaz de transformar cualquier ambiente. La caridad cala, como el agua en la grieta de la piedra, y acaba por romper la resistencia más dura. San Juan de la Cruz aconsejaba: “Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor” -SAN JUAN DE LA CRUZ, Los grados de la humildad:"El primero entre vosotros sea vuestro servidor" -Mt 23, 11. Para eso hemos de dejar nuestro egoísmo a un lado y descubrir esas manifestaciones de la caridad que hacen felices a los demás. Si no lucháramos por olvidarnos cada vez más de nosotros mismos, pasaríamos una y otra vez al lado de quienes nos rodean y no nos daríamos cuenta de que necesitan una palabra de aliento, valorar lo que hacen, animarles a ser mejores y servirles.
1 conocerse, 2 aceptarse, 3 olvido de si, 4 darse.
1 Conocerse. Primer paso: conocer la verdad de uno mismo.
Ya los griegos antiguos ponían como una gran meta el aforismo: "Conócete a ti mismo". La Biblia dice a este respecto que es necesaria la humildad para ser sabios: Donde hay humildad hay sabiduría . Sin humildad no hay conocimiento de sí mismo y, por tanto, falta la sabiduría.
1 Conocerse. Primer paso: conocer la verdad de uno mismo.
Ya los griegos antiguos ponían como una gran meta el aforismo: "Conócete a ti mismo". La Biblia dice a este respecto que es necesaria la humildad para ser sabios: Donde hay humildad hay sabiduría . Sin humildad no hay conocimiento de sí mismo y, por tanto, falta la sabiduría.
Es difícil conocerse. La soberbia, que siempre está presente dentro del hombre, ensombrece la conciencia, embellece los defectos propios, busca justificaciones a los fallos y a los pecados. No es infrecuente que, ante un hecho, claramente malo, el orgullo se niegue a aceptar que aquella acción haya sido real, y se llega a pensar: "no puedo haberlo hecho", o bien "no es malo lo que hice", o incluso "la culpa es de los demás".
Para superar: examen de conciencia honesto. Para ello: primero pedir luz al Espíritu Santo, y después mirar ordenadamente los hechos vividos, los hábitos o costumbres que se han enraizado más en la propia vida - pereza o laboriosidad, sensualidad o sobriedad, envidia...
2 Aceptarse. Una vez se ha conseguido un conocimiento propio más o menos profundo viene el segundo escalón de la humildad: aceptar la propia realidad. Resulta difícil porque la soberbia se rebela cuando la realidad es fea o defectuosa.
Aceptarse no es lo mismo que resignarse. Si se acepta con humildad un defecto, error, limitación, o pecado, se sabe contra qué luchar y se hace posible la victoria. Ya no se camina a ciegas sino que se conoce al enemigo. Pero si no se acepta la realidad, ocurre como en el caso del enfermo que no quiere reconocer su enfermedad: no podrá curarse. Pero si se sabe que hay cura, se puede cooperar con los médicos para mejorar. Hay defectos que podemos superar y hay límites naturales que debemos saber aceptar.
Aceptarse no es lo mismo que resignarse. Si se acepta con humildad un defecto, error, limitación, o pecado, se sabe contra qué luchar y se hace posible la victoria. Ya no se camina a ciegas sino que se conoce al enemigo. Pero si no se acepta la realidad, ocurre como en el caso del enfermo que no quiere reconocer su enfermedad: no podrá curarse. Pero si se sabe que hay cura, se puede cooperar con los médicos para mejorar. Hay defectos que podemos superar y hay límites naturales que debemos saber aceptar.
Dentro de los hábitos o costumbres, a los buenos se les llama virtudes por la fuerza que dan a los buenos deseos; a los malos los llamamos vicios, e inclinan al mal con más o menos fuerza según la profundidad de sus raíces en el actuar humano. Es útil buscar el defecto dominante para poder evitar las peores inclinaciones con más eficacia. También conviene conocer las cualidades mejores que se poseen, no para envanecerse, sino para dar gracias a Dios, ser optimista y desarrollar las buenas tendencias y virtudes.
Es distinto un pecado, de un error o una limitación, y conviene distinguirlos. Un pecado es un acto libre contra la ley de Dios. Si es habitual se convierte en vicio, requiriendo su desarraigo, un tratamiento fuerte y constante. Para borrar un pecado basta con el arrepiento y el propósito de enmienda unidos a la absolución sacramental si es un pecado mortal y con acto de contrición si es venial. El vicio en cambio necesita mucha constancia en aplicar el remedio pues tiende a reproducir nuevos pecados.
Es distinto un pecado, de un error o una limitación, y conviene distinguirlos. Un pecado es un acto libre contra la ley de Dios. Si es habitual se convierte en vicio, requiriendo su desarraigo, un tratamiento fuerte y constante. Para borrar un pecado basta con el arrepiento y el propósito de enmienda unidos a la absolución sacramental si es un pecado mortal y con acto de contrición si es venial. El vicio en cambio necesita mucha constancia en aplicar el remedio pues tiende a reproducir nuevos pecados.
Los errores son más fáciles de superar porque suelen ser involuntarios. Una vez descubiertos se pone el remedio y las cosas vuelven al cauce de la verdad. Si el defecto es una limitación, no es pecado, como no lo es ser poco inteligente o poco dotado para el arte. Pero sin humildad no se aceptan las propias limitaciones. El que no acepta las propias limitaciones se expone a hacer el ridículo, por ejemplo, hablando de lo que no sabe o alardeando de lo que no tiene.
Vive según tu conciencia o acabarás pensando como vives. Es decir, si tu vida no es fiel a tu propia conciencia, acabarás cegando tu conciencia con teorías justificadoras.
3 Olvido de sí. El orgullo y la soberbia llevan a que el pensamiento y la imaginación giren en torno al propio yo. Muy pocos llegan a este nivel. La mayoría de la gente vive pensando en si mismo, "dándole vuelta" a sus problemas. El pensar demasiado en uno mismo es compatible con saberse poca cosa, ya que el problema consiste en que se encuentra un cierto gusto incluso en la lamentación de los propios problemas. Parece imposible pero se puede dar un goce en estar tristes, pero no es por la tristeza misma sino por pensar en sí mismo, en llamar la atención.
El olvido de sí no es lo mismo que indiferencia ante los problemas. Se trata más bien de superar el pensar demasiado en uno mismo. En la medida en que se consigue el olvido de sí, se consigue también la paz y alegría. Es lógico que sea así, pues la mayoría de las preocupaciones provienen de conceder demasiada importancia a los problemas, tanto cuando son reales como cuando son imaginarios. El que consigue el olvido de sí está en el polo opuesto del egoísta, que continuamente esta pendiente de lo que le gusta o le disgusta. Se puede decir que ha conseguido un grado aceptable de humildad. El olvido de sí conduce a un santo abandono que consiste en una despreocupación responsable. Las cosas que ocurren -tristes o alegres- ya no preocupan, solo ocupan.
4 -Darse. Este es el grado más alto de la humildad, porque más que superar cosas malas se trata de vivir la caridad, es decir, vivir de amor. Si se han ido subiendo los escalones anteriores, ha mejorado el conocimiento propio, la aceptación de la realidad y la superación del yo como eje de todos los pensamientos e imaginaciones. Si se mata el egoísmo se puede vivir el amor, porque o el amor mata al egoísmo o el egoísmo mata al amor.
En este nivel la humildad y la caridad llevan una a la otra. Una persona humilde al librarse de las alucinaciones de la soberbia ya es capaz de querer a los demás por sí mismos, y no sólo por el provecho que pueda extraer del trato con ellos.
Vive según tu conciencia o acabarás pensando como vives. Es decir, si tu vida no es fiel a tu propia conciencia, acabarás cegando tu conciencia con teorías justificadoras.
3 Olvido de sí. El orgullo y la soberbia llevan a que el pensamiento y la imaginación giren en torno al propio yo. Muy pocos llegan a este nivel. La mayoría de la gente vive pensando en si mismo, "dándole vuelta" a sus problemas. El pensar demasiado en uno mismo es compatible con saberse poca cosa, ya que el problema consiste en que se encuentra un cierto gusto incluso en la lamentación de los propios problemas. Parece imposible pero se puede dar un goce en estar tristes, pero no es por la tristeza misma sino por pensar en sí mismo, en llamar la atención.
El olvido de sí no es lo mismo que indiferencia ante los problemas. Se trata más bien de superar el pensar demasiado en uno mismo. En la medida en que se consigue el olvido de sí, se consigue también la paz y alegría. Es lógico que sea así, pues la mayoría de las preocupaciones provienen de conceder demasiada importancia a los problemas, tanto cuando son reales como cuando son imaginarios. El que consigue el olvido de sí está en el polo opuesto del egoísta, que continuamente esta pendiente de lo que le gusta o le disgusta. Se puede decir que ha conseguido un grado aceptable de humildad. El olvido de sí conduce a un santo abandono que consiste en una despreocupación responsable. Las cosas que ocurren -tristes o alegres- ya no preocupan, solo ocupan.
4 -Darse. Este es el grado más alto de la humildad, porque más que superar cosas malas se trata de vivir la caridad, es decir, vivir de amor. Si se han ido subiendo los escalones anteriores, ha mejorado el conocimiento propio, la aceptación de la realidad y la superación del yo como eje de todos los pensamientos e imaginaciones. Si se mata el egoísmo se puede vivir el amor, porque o el amor mata al egoísmo o el egoísmo mata al amor.
En este nivel la humildad y la caridad llevan una a la otra. Una persona humilde al librarse de las alucinaciones de la soberbia ya es capaz de querer a los demás por sí mismos, y no sólo por el provecho que pueda extraer del trato con ellos.
Cuando la humildad llega al nivel de darse se experimenta más alegría que cuando se busca el placer egoístamente. La única vez que se citan palabras de Nuestro Señor del Evangelio en los Hechos de los Apóstoles dice que se es mas feliz en dar que en recibir . La persona generosa experimenta una felicidad interior desconocida para el egoísta y el orgulloso.
La caridad es amor que recibimos de Dios y damos a Dios. Dios se convierte en el interlocutor de un diálogo diáfano y limpio que sería imposible para el orgulloso ya que no sabe querer y además no sabe dejarse querer. Al crecer la humildad la mirada es más clara y se advierte más en toda su riqueza la Bondad y la Belleza divinas.
La caridad es amor que recibimos de Dios y damos a Dios. Dios se convierte en el interlocutor de un diálogo diáfano y limpio que sería imposible para el orgulloso ya que no sabe querer y además no sabe dejarse querer. Al crecer la humildad la mirada es más clara y se advierte más en toda su riqueza la Bondad y la Belleza divinas.
Dios se deleita en los humildes y derrama en ellos sus gracias y dones con abundancia bien recibida. El humilde se convierte en la buena tierra que da fruto al recibir la semilla divina.
La falta de humildad se muestra en la susceptibilidad, quiere ser el centro de la atención en las conversaciones, le molesta en extremo que a otra la aprecien más que a ella, se siente desplazada si no la atienden. La falta de humildad hace hablar mucho por el gusto de oirse y que los demás le oigan, siempre tiene algo que decir, que corregir, Todo esto es creerse el centro del universo. La imaginación anda a mil por hora, evitan que su alma crezca.
-Que me conozca; que te conozca. Así jamás perderé de vista mi nada”. Solo así podré seguirte como Tú quieres y como yo quiero: con una fe grande, con un amor hondo, sin condición alguna.
Se cuenta en la vida de San Antonio Abad que Dios le hizo ver el mundo sembrado de los lazos que el demonio tenía preparados para hacer caer a los hombres. El santo, después de esta visión, quedó lleno de espanto, y preguntó: “Señor, ¿Quién podrá escapar de tantos lazos?”. Y oyó una voz que le contestaba: “Antonio, el que sea humilde; pues Dios da a los humildes la gracia necesaria, mientras los soberbios van cayendo en todas las trampas que el demonio les tiende"
Nos ayudará a desearla de verdad el tener siempre presente que el pecado capital opuesto, la soberbia, es lo más contrario a la vocación que hemos recibido del Señor, lo que más daño hace a la vida familiar, a la amistad, lo que más se opone a la verdadera felicidad... Es el principal apoyo con que cuenta el demonio en nuestra alma para intentar destruir la obra que el Espíritu Santo trata incesantemente de edificar.
Con todo, la virtud de la humildad no consiste sólo en rechazar los movimientos de la soberbia, del egoísmo y del orgullo. De hecho, ni Jesús ni su Santísima Madre experimentaron movimiento alguno de soberbia y, sin embargo, tuvieron la virtud de la humildad en grado sumo. La palabra humildad tiene su origen en la latina humus, tierra; humilde, en su etimología, significa inclinado hacia la tierra; la virtud de la humildad consiste en inclinarse delante de Dios y de todo lo que hay de Dios en las criaturas (6). En la práctica, nos lleva a reconocer nuestra inferioridad, nuestra pequeñez e indigencia ante Dios. Los santos sienten una alegría muy grande en anonadarse delante de Dios y en reconocer que sólo Él es grande, y que en comparación con la suya, todas las grandezas humanas están vacías y no son sino mentira.
¿Cómo he de llegar a la humildad? Por la gracia de Dios. Solamente la gracia de Dios puede darnos la visión clara de nuestra propia condición y la conciencia de su grandeza que origina la humildad. Por eso hemos de desearla y pedirla incesantemente, convencidos de que con esta virtud amaremos a Dios y seremos capaces de grandes empresas a pesar de nuestras flaquezas...
Quien lucha por ser humilde no busca ni elogios ni alabanzas porque su vida esta en Dios; y si llegan procura enderezarlos a la gloria de Dios, Autor de todo bien. La humildad se manifiesta en el desprecio sino en el olvido de sí mismo, reconociendo con alegría que no tenemos nada que no hayamos recibido, y nos lleva a sentirnos hijos pequeños de Dios que encuentran toda la firmeza en la mano fuerte de su Padre.
Aprendemos a ser humildes meditando la Pasión de Nuestro Señor, considerando su grandeza ante tanta humillación, el dejarse hacer “como cordero llevado al matadero”.
La falta de humildad se muestra en la susceptibilidad, quiere ser el centro de la atención en las conversaciones, le molesta en extremo que a otra la aprecien más que a ella, se siente desplazada si no la atienden. La falta de humildad hace hablar mucho por el gusto de oirse y que los demás le oigan, siempre tiene algo que decir, que corregir, Todo esto es creerse el centro del universo. La imaginación anda a mil por hora, evitan que su alma crezca.
-Que me conozca; que te conozca. Así jamás perderé de vista mi nada”. Solo así podré seguirte como Tú quieres y como yo quiero: con una fe grande, con un amor hondo, sin condición alguna.
Se cuenta en la vida de San Antonio Abad que Dios le hizo ver el mundo sembrado de los lazos que el demonio tenía preparados para hacer caer a los hombres. El santo, después de esta visión, quedó lleno de espanto, y preguntó: “Señor, ¿Quién podrá escapar de tantos lazos?”. Y oyó una voz que le contestaba: “Antonio, el que sea humilde; pues Dios da a los humildes la gracia necesaria, mientras los soberbios van cayendo en todas las trampas que el demonio les tiende"
Nos ayudará a desearla de verdad el tener siempre presente que el pecado capital opuesto, la soberbia, es lo más contrario a la vocación que hemos recibido del Señor, lo que más daño hace a la vida familiar, a la amistad, lo que más se opone a la verdadera felicidad... Es el principal apoyo con que cuenta el demonio en nuestra alma para intentar destruir la obra que el Espíritu Santo trata incesantemente de edificar.
Con todo, la virtud de la humildad no consiste sólo en rechazar los movimientos de la soberbia, del egoísmo y del orgullo. De hecho, ni Jesús ni su Santísima Madre experimentaron movimiento alguno de soberbia y, sin embargo, tuvieron la virtud de la humildad en grado sumo. La palabra humildad tiene su origen en la latina humus, tierra; humilde, en su etimología, significa inclinado hacia la tierra; la virtud de la humildad consiste en inclinarse delante de Dios y de todo lo que hay de Dios en las criaturas (6). En la práctica, nos lleva a reconocer nuestra inferioridad, nuestra pequeñez e indigencia ante Dios. Los santos sienten una alegría muy grande en anonadarse delante de Dios y en reconocer que sólo Él es grande, y que en comparación con la suya, todas las grandezas humanas están vacías y no son sino mentira.
¿Cómo he de llegar a la humildad? Por la gracia de Dios. Solamente la gracia de Dios puede darnos la visión clara de nuestra propia condición y la conciencia de su grandeza que origina la humildad. Por eso hemos de desearla y pedirla incesantemente, convencidos de que con esta virtud amaremos a Dios y seremos capaces de grandes empresas a pesar de nuestras flaquezas...
Quien lucha por ser humilde no busca ni elogios ni alabanzas porque su vida esta en Dios; y si llegan procura enderezarlos a la gloria de Dios, Autor de todo bien. La humildad se manifiesta en el desprecio sino en el olvido de sí mismo, reconociendo con alegría que no tenemos nada que no hayamos recibido, y nos lleva a sentirnos hijos pequeños de Dios que encuentran toda la firmeza en la mano fuerte de su Padre.
Aprendemos a ser humildes meditando la Pasión de Nuestro Señor, considerando su grandeza ante tanta humillación, el dejarse hacer “como cordero llevado al matadero”.
Visitándolo en la Sagrada Eucaristía, donde espera que vayamos a verle y hablarle,
Meditando la Vida de la Virgen María y uniéndonos a ella en oración. La mujer mas humilde y por eso también la escogida de Dios, la mas grande. La Esclava del Señor, la que no tuvo otro deseo que el de hacer la voluntad de Dios.
También acudimos a San José, que empleó su vida en servir a Jesús y a María, llevando a cabo la tarea que Dios le había encomendado.
EL BIEN DEL HOMBRE ES LA VIDA HUMILDE Y FIEL;
NO LA VIDA FACIL.
NO LA VIDA FACIL.
Dios nos creó para vivir plenamente en El. Esta es la santidad de vida que nos enseña el Evangelio.
El Papa Juan Pablo II (2 sept. 2001) enseñó que «la superficialidad, el arribismo, aunque obtengan algún éxito inmediato, no constituyen sin embargo el auténtico bien del hombre y de la sociedad».
El mismo Papa reconoció que esta verdad del Evangelio es «claramente contra corriente». Citando palabras de san Pablo, añadió que, por el contrario, «el Reino de Dios ha sido preparado eficazmente por las personas que desempeñan seria y honestamente su actividad, que no aspiran a cosas demasiado elevadas, sino que se pliegan con fidelidad cotidiana en las humildes».
«La mentalidad del mundo, de hecho --continuó diciendo el Papa--, lleva a emerger, a abrirse camino quizá con picardía y sin escrúpulos, afirmándose a sí mismos y los propios intereses. Las consecuencias están ante los ojos de todos: rivalidades, abusos, frustraciones». Por el contrario, «En el Reino de Dios se premia la modestia y la humildad».
El Papa aconsejó a los cristianos iluminar su vida con la Palabra de Dios, que «ayuda a mirar las cosas en su justa medida, la de la eternidad». Jesús «recorrió con coherencia el camino de la humildad, transcurriendo la mayor parte de su existencia terrena en el escondrijo de Nazaret, junto a la Virgen María y san José, realizando el trabajo de carpintero». Ahí está el secreto, concluyó el Papa, «para que toda actividad profesional o en el hogar pueda desempeñarse en un clima de auténtica humanidad, gracias a la humilde y concreta contribución de cada uno».
El Papa aconsejó a los cristianos iluminar su vida con la Palabra de Dios, que «ayuda a mirar las cosas en su justa medida, la de la eternidad». Jesús «recorrió con coherencia el camino de la humildad, transcurriendo la mayor parte de su existencia terrena en el escondrijo de Nazaret, junto a la Virgen María y san José, realizando el trabajo de carpintero». Ahí está el secreto, concluyó el Papa, «para que toda actividad profesional o en el hogar pueda desempeñarse en un clima de auténtica humanidad, gracias a la humilde y concreta contribución de cada uno».
SEMANA 17
GUIA
Esta semana trataremos de experimentar en la oración dos emociones; sensibilidad y temor en la vida de Jesús, y por consiguiente en nuestras vidas debido a la impresionante dignidad que recibimos al unirnos a Él.
Una es la celebración y la reflexión sobre el bautismo de Jesús. En los Ejercicios, Ignacio nos invita a primeramente a que observemos a Jesús dejando Su hogar y despidiéndose de Su madre. Esta escena no está en las Escrituras, pero Ignacio no puede imaginarse a Jesús partiendo fríamente sin una tierna escena de despedida.
La otra son las tentaciones de Jesús, ¿Que sintió?, ¿Que pensó en ese tiempo mientras experimentaba hambre, cansancio, temor, soledad?
No hay mayor revelación personal que dejar ver nuestras tentaciones. En la contemplación de esta semana, Jesús nos muestra contra lo que tuvo que luchar. En nuestro creciente deseo de conocerle, en nuestro afecto cada vez más profundo hacia Él, en esta poderosa atracción a acompañarle en su misión, nos sentimos motivados a entender sus luchas. A medida que nos va revelando las profundidades de su proceso interno de liberación para hacer la voluntad de Dios, veremos que Jesús conoce nuestro creciente deseo de ser libres.
La libertad se basa en saber enfrentar la tentación de utilizar el poder personal para liberarse. El demonio siempre está listo para aprovecharse de nuestros apetitos e infundirnos el temor a morir de hambre. El egocentrismo siempre derrota nuestra habilidad de entregarnos libremente a los demás. Los Evangelios nos dicen que Jesús conoció esta tentación. Aprendió a depender de la palabra de Dios como sustento. Entonces se hizo libre para ser destruido y entregado a todos nosotros como alimento.
Para ser libres, debemos enfrentar la habilidad que tenemos para utilizar nuestros dones con el fin de atraer a los demás hacia nosotros. Es trágico ser dotado y manipulador. Nuestro yo interno se vuelve hueco cuando solamente deseamos atención, afirmación, ser admirados, ser aceptados. Jesús encaró esta tentación. Decidió no utilizar sus dones de manera arrogante. Su primera elección fue entregarse a los deseos de Dios. El deseo de libertad siempre nos pondrá cara a cara con un deseo de alcanzar nuestro propio reino. ¿Qué es lo que puedo coleccionar, lograr, llevar a cabo, recibir como reconocimiento, señalar como símbolo de mi valor personal? Jesús conoció esta tentación. Vino al mundo para vivir en la libertad de la oración: “Tuyo es el reino, el poder y la Gloria por siempre Señor” . Estamos conscientes de nuestra atracción hacia las riquezas, el poder y el control. Éstas son unas cuantas de las muchas maneras de descubrir y expresar nuestra frágil personalidad. Jesús escuchó y creyó, y ahora comienza a vivir Su confianza en Su Padre y en Su identidad, según las palabras de Su propio Padre.
Observando al Diablo tratando de vencer a Jesús, en un debate muy tenso, nos alienta a ser fieles a las tensiones creadas por nuestras frágiles percepciones de cómo Dios nos identifica. El Maligno trabaja constantemente para falsificar nuestro sentido de dignidad, nuestra ordenación hacia Cristo y nuestra santidad. Nosotros también hemos sido bautizados a Cristo y Su dignidad. También escuchamos los insistentes llamados a desconfiar de la identidad que Dios ha creado para nosotros y de las bendiciones que Cristo nos ha obsequiado.
Quizás podamos escuchar el suspiro de alivio que da Jesús cuando se marcha el Tentador. Quizás sea una plegaria de gratitud y una pacífica oración de confianza que nace del conocimiento de Su verdadera identidad. Cristo también sabe que el Tentador volverá a aparecérsele de muchas maneras, y que no será la última vez que Su ordenación bautismal será desafiada. Le observaremos descansando en soledad, pero acompañado. Cristo comienza a experimentar la unidad entre Él y Su Padre, lo cual no tiene que ser probado transformando piedras en pan.
En los Ejercicios Espirituales, Ignacio nos invita a caminar apoyados más en la fe del amor de Dios que en signos y pruebas como muletas para la travesía. Esta peregrinación a la que hemos sido llamados no es fácil, y va extremadamente en contra de las costumbres de nuestro mundo y de nuestros deseos naturales de seguir mapas, señales y seguridades.
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EL TEMA PARA DISCERNIMIENTO ESTA SEMANA ES:
EL TEMA PARA REPASAR ES:
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EL TEMA PARA DISCERNIMIENTO ESTA SEMANA ES:
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EL TEMA PARA REPASAR ES:
BUEN ESPIRITU Y MAL ESPIRITU
QUE HACEN QUE DICEN Y QUE DEJAN
EL ESPIRITU BUENO Y MALO .
ESTE TEMA ES UTIL PARA EL DISCERNIMIENTO DE ESPIRITUS
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EJERCICIOS
¡Qué humano eres en verdad! Gracias por invitarme a acompañarte en los momentos de tus tentaciones. Me conmueve verte tan vulnerable. Sé que estabas hambriento después de 40 días sin alimento y resististe la tentación de ceder a la inmediata necesidad de saciar tu hambre aunque las sugerencias del Diablo parecian un desafío para hacer un acto de magia convirtiendo las piedras en pan. Quisiste poner fin a Tu ayuno solamente cuando te pareció que era la voluntad de Dios,
Ayúdame a aprender de Ti ese tipo de fuerza porque he fracasado en mi lucha contra las tentaciones al apoyarme, no en lo qué Tú deseas para mí, sino en mis propios deseos de evitar las humillaciones o de ser exitoso o poseer bienes. Ayúdame a desear solamente servirte, a liberarme de las trampas del éxito y el reconocimiento, y a aprender a sentir el gozo de esa libertad. Mientras más Te conozco, más quiero ser como Tú, vivir como Tú. Gracias por Tu amistad. Gracias por Tu compañía y por Tu llamado.
Día 1 al 6
Para la semana nos daremos la libertad de escoger la o las lecturas de cada día, meditando en lo que pensaría, sentiría y experimentaría Jesús, querremos deambular en esta escena durante nuestras actividades cotidianas. A medida que nos vamos imaginando a Jesús, Ignacio nos pide que miremos hacia nuestro interior y reflexionemos sobre nuestro bautismo y esa misma dignidad, ese mismo destino y, sí, esa misma conciencia de quién es cada uno de nosotros..
Por ejemplo:
- Dejando esa casita de Nazaret, tendremos muchas preguntas para formular. ¿Por qué se marchó? ¿Qué proceso de reflexión, de libertad, lo motivó? ¿Acaso podemos imaginarnos las despedidas? ¿Qué le dijeron? ¿Qué dijo a sus amigos, a sus parientes, a María?
- A medida que va recorriendo los caminos para llegar al río donde Juan está bautizando, ¿qué está pensando Jesús? ¿Cuáles son sus deseos, decisiones y anhelos? ¿Qué palabras utiliza en sus plegarias? Cuando observa a Juan bautizando a los humildes pecadores, viendo sus rostros cuando entran y salen del agua, ¿qué es lo que siente? Cuando Jesús entra al río, y va llegando a la parte más profunda hasta sumergirse en la corriente, ¿acaso puedo imaginarme lo que ocurre en su conciencia? ¿Acaso experimenta su propia encarnación en las profundidades de nuestra humanidad? ¿Acaso se imagina el abandono de sus propios deseos al Espíritu de Dios, que le lleva a una entrega total de sí mismo por nosotros? ¿Acaso tiene una visión momentánea de su muerte clavado en una cruz? Y cuando su cabeza emerge de las aguas y la voz de Dios se escucha entre las nubes, ¿qué gozo, qué libertad y qué paz llenan su corazón?
Lecturas:
Marcos 1:9-11 CLIC LECTURA
Mateo 3:13-17 CLIC LECTURA
Lucas 3:21-22 y 9:57-62 CLIC LECTURA
Juan 1:26-34 CLIC LECTURA
Filipenses 2:1-11CLIC LECTURA
Romanos 6:3-11CLIC LECTURA
Marcos 1:12-13CLIC LECTURA
Mateo 4:1-11CLIC LECTURA
Lucas 4:1-13CLIC LECTURA
Mateo 3:13-17 CLIC LECTURA
Lucas 3:21-22 y 9:57-62 CLIC LECTURA
Juan 1:26-34 CLIC LECTURA
Filipenses 2:1-11CLIC LECTURA
Romanos 6:3-11CLIC LECTURA
Marcos 1:12-13CLIC LECTURA
Mateo 4:1-11CLIC LECTURA
Lucas 4:1-13CLIC LECTURA
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